Problemas Maritales

Un investigador privado debe salvar a un niño secuestrado. En una carrera contra el reloj, persigue al secuestrador antes de que consiga escapar.

Era un caluroso día de verano, el sol brillaba en toda su gloría, y el calor era insoportable. Quien podía, evitaba salir a toda costa, y la mayoría aprovechaba el calor para disfrutar de un bocadillo fresco o una bebida refrescante. Sin embargo, Lorenzo no podía detenerse a disfrutar de uno de los helados que los distintos puestos invitaban a probar, lo había llamado urgentemente una clienta para encontrar y recuperar a su hijo. Su esposo lo saco de la escuela esa mañana con algo de ropa y su pasaporte después de que ella le pidiera el divorcio.

Lorenzo era un ex policía investigador[1], alto y en buena condición, pero aún para un atleta olímpico sería difícil tolerar el calor de arriba de treinta grados centígrados bajo el sol, caminando erráticamente en una calle con pocos puntos de sombra en los que situarse. Su compañero le seguía rodeando el lugar en un Crown Victoria [2]negro del 2002, seguramente mucho más fresco gracias al aire acondicionado del auto, comenzaba a divagar por el calor a pesar de su esfuerzo por concentrarse.

–Este sol me está matando – Dijo Lorenzo, en un tono muy molesto, hablando con su compañero a través de un pequeño audífono “manos libres”[3]– ¿Seguro que pasara por aquí?

–Tu confía en mi – Respondió Jorge – Tiene que pasar por aquí si quiere ir al aeropuerto.

–Eso lo entiendo ¿Pero tengo que esperar aquí en el sol?

–Este lugar tiene varias heladerías y restaurantes de comida rápida, si huyes con un niño, querrás consentirlo un poco para que no llore y no levante sospecha, así que si se detiene aquí a por algo será mejor que este ahí alguien que pueda correr muy rápido – Cosa que Jorge no decía en vano, siendo ya un ex militar retirado de mediana edad, no era precisamente un gran atleta.

En ese momento, Lorenzo escucho el llanto de un niño, dándole aviso a su compañero para estar alerta. Al explorar el área con la mirada, pudo ver que un hombre entraba a un Mc’Donalds sosteniendo a un niño de la mano. No pudo ver bien al hombre, pero aun así pudo notar que el niño parecía resistirse, por lo que decidió acercarse. A pesar de cargar con él, su arma, temía tener que usarla. En su experiencia, cuando un secuestrador se siente acorralado está dispuesto a cualquier cosa. Las situaciones de rehenes traían recuerdos amargos a su memoria.

De la forma más tranquila disimulada posible, entro al restaurante, pero no vio al hombre ¿Sera que noto su presencia? ¿Estará en el baño? El lugar tenía varias puertas para entrar o salir, y estaba dividido en tres áreas diferentes con varias paredes de cristal opaco. Lorenzo peinaba el área tratando de no levantar sospechas de que buscaba a alguien, se acercó a la caja y espero en la fila mientras observaba.

–¿Sigues ahí? – Pregunto Jorge

–Estoy muy cansado… – Murmuro levemente, como una señal de que se encontraba en una situación donde no podía hablar.

–Ya veo… – respondió Jorge, entendiendo que trataba de decir – el Mc’Donalds de la calle donde estabas, creo que lo veo Dentro, está en el área de café, esta con un niño y lleva un par de helados. Parece que ya va a salir, me acercare.

-Voy por él.

Lorenzo rompió su pasividad. Parecía que la paciencia dio frutos, sin perder un solo segundo, se apresura al área del café donde Jorge dijo ver al sujeto. Podía verlo, está sentado de espaldas a él en una silla en la esquina del lugar, no podía verle la cara a él o al niño, pero estaba seguro que era él. Tenía que ser él. A cada paso su corazón se aceleraba, y tenía una mano acercándose a la abertura de su saco, listo en caso de tener que sacar su arma; se paró frente al hombre, y poso su mano sobre su hombro.

–Se acabó –Dijo firmemente mientras giraba al hombre.

Inmediatamente el hombre se volteó, Lorenzo se sorprendió, aquel no era el sujeto al que estaba buscando. De espaldas se veía como el, con el mismo corte, ropa muy parecida a la descripción que dio la mujer, incluso el niño era tan parecido. Inmediatamente trato de excusarse por tan extraña situación, diciendo que trataba de jugarle una broma a un amigo. Estaba aún disculpándose, cuando escucho a Jorge gritar exaltado a través de la llamada.

–¡Es el! – le grito su compañero a través del teléfono – ¡En el semáforo! ¡Corre! Ya va a pasar a verde, son sus placas, estoy estacionado justo frente a ti ¡Muévete!

Y sin mediar palabra, corrió, corrió tan rápido como pudo y salió en dirección al auto donde le esperaban. Aceleraron tan pronto como vieron el semáforo cambiar de color, y lograron ponerse justo detrás de él. Conducía un inconfundible BMW[4] nuevo, podía ver el hombre volteando atrás, parecía molesto, seguramente el niño estaba volviéndolo loco. Tenían que aprovechar el tenerlo localizado, no podía precipitarse ahora, así que llamo a su vieja amiga para pedir algo de apoyo. El teléfono no emitió un solo tono de marcado antes de que respondieran su llamado.

–¿Encontraste al chico? – Pregunto Ana, al otro lado de la línea.

Ana trabajaba como agente de la Policía Municipal[5], era apenas una novata cuando Lorenzo la conoció hace años durante su trabajo como Agente Ministerial[6]. Siempre confiaba en ella cuando requería algo de autoridad para resolver sus casos. Ella era una amante de la ley, y apasionada de su trabajo, lo que la hacía mucho más útil y confiable que algún otro policía corrupto de la ciudad; y por ello mismo, no dudo en comentarle el caso que se traía entre manos ese día.

–Sobre la Avenida Hidalgo, se dirige al aeropuerto, posiblemente tomara la vía rápida – No perdió un solo segundo, el sujeto podía perdérseles en cualquier momento – Es una camioneta BMW.

–Lo intercepto, estoy a dos minutos

          En aquel momento, Jorge tuvo una idea. Mientras su colega pasaba más detalles por teléfono a la oficial, él acercaba más la distancia entre la camioneta y ellos. Desoyendo el plan original de simplemente seguirlo, creyó que la mejor manera de evitar que se resistiera, era fingir un desafortunado accidente. Al llegar al siguiente alto, dio un ligero giro y freno a destiempo, dando un ligero rose en la defensa trasera, el cual no causo mayores daños, salvo una luz rota. El sujeto se detuvo. Lorenzo entonces entendió las intenciones que tenía. Menciono a Ana el crucero exacto donde se encontraban, y bajo del auto junto a Jorge, intentando pasar desapercibido. El hombre igualmente bajo a inspeccionar los daños, pero sin acercarse demasiado, parecía querer subir tan pronto como fuera posible.

–¡Hombre! Lo siento, no vi que era alto – Dijo Jorge al hombre fingiendo sorpresa

–No fue un golpe tan fuerte – le respondió – Evitemos el lío y que cada quien se quede con su golpe.

–Yo creo que no, mejor llamemos a la policía para que mi seguro se encargue.

–No puedo voy tarde a… – le interrumpió el llanto de su pequeño desde el asiento trasero.

–Amigo ¿Todo bien? El niño está llorando muy fuerte.

El hombre se veía cada vez más nervioso, sudaba y volteaba constantemente.

–Es un berrinche porque no le compre una cajita feliz

Lorenzo le daba la espalda, no quería arriesgarse a que le reconociera como el abogado que asesoraba a su esposa, aunque solo se vieron un instante una sola ocasión. Daba indicaciones a los autos de que rodearan la escena, mientras se acercaba lo más posible a la camioneta, del lado del copiloto.

–Mira, llamare a la policía para levantar el reporte, y vamos a comprar algo fresco para esperar, tal vez algo a tu pequeño – Jorge insistía, quería dar tiempo a que Ana llegara – ¿Qué dices?

Jorge comenzó a caminar hacia el sujeto, quien retrocedió un poco. Lorenzo estaba a unos pasos de la puerta del copiloto, cuando fue detenido en seco por el hombre.

–¡Oye! ¡Tu! ¿Qué haces acercándote así? – Señalaba al investigador, al mismo tiempo que alcanzaba con su mano el botón que activaba el seguro de las puertas del auto.

La situación se complicaba, temían tener que desenfundar sus armas o realizar una persecución.

–¿Qué no me oíste? ¡¿Qué quieres?! – El hombre estaba visiblemente molesto.

El niño lloraba más y más, seguro se lastimaría la garganta de tan fuerte que chillaba. El hombre sudaba por montones, se notaba no estar seguro de cómo reaccionar, mientras Jorge trataba de calmarlo. Lorenzo estaba a punto de voltear cuando pudo ver el auto de policía que avanzaba a hacia la intersección.

–Vi una patrulla – respondió señalando hacía aquel auto que se aproximaba – quiero llamar su atención y que se acerque.

No estaba seguro de que fuera Ana quien venía llegando, un oficial diferente podría terminar arrestándolos a ellos y dejando ir al hombre. El hombre se puso pálido al ver que aquella patrulla encendió sus luces, y simplemente se estaciono frente a los dos vehículos. Entonces, de aquel reluciente Dodge Charger de la policía, bajo una oficial que deslumbraba por su imponente figura. Vestía un uniforme con manga corta, unas gafas de sol estilo aviador, y en su espalda podía leerse la leyenda “Policía Municipal”. Se detuvo de espaldas al choque, haciendo señales al tráfico de seguir, mientras hablaba por su radio informando del incidente, para posteriormente voltear. Era Ana, quien regalo una pequeña sonrisa a Lorenzo.

–¿Qué sucede por aquí? – Pregunto la oficial, en un tono firme que solo provocaba mayor temor en el hombre al que seguían – ¿Y por qué llora el niño?

El niño no dejaba de sollozar dentro del auto, era una situación sospechosa cuando menos, y ese sujeto lo sabía bien. Buscaba desesperado una salida, temía que su mujer hubiera llamado a la policía y que aquellos con los que choco fueran oficiales encubiertos.

–N-nada oficial – Tartamudeo aquel hombre – Ya lo resolvimos, solo un pequeño accidente.

–¡Yo te diré que ocurre! – Exclamo Lorenzo, acercándose al hombre – Secuestraste al pequeño para que tu esposa no consiguiera la custodia de un juez, te lo querías llevar del país y tomaste los pasaportes y el dinero de la casa para escapar antes de que ella demandara el divorcio.

Y en ese momento lo reconoció, solo lo había visto una vez, cuando sospechaba que su esposa lo engañaba y la vio salir de aquel despacho junto a un hombre de traje. No lo pudo ver bien, pero sí que podía distinguirlo de entre el resto. Estaba acorralado.

–¿Podría explicarme que ocurre? – pregunto de nuevo Ana.

–Se terminó, no hagas una tontería – insistió Lorenzo.

El pánico se apodero de aquel hombre, temeroso de lo que pudiera ocurrir, volteo a ver a la oficial, tensando los músculos cual guepardo preparándose para correr. Jorge lo noto, podía ser viejo, pero tantos años de servicio lo habían vuelto bastante observador. Inmediatamente el hombre disparo sus piernas para saltar al asiento a través de la puerta abierta del auto, se lanzó directo sobre él, justo antes de que pudiera tomar el volante. Incluso más rápido de lo que cualquiera pudo responder, le tomo por la camisa, y lo arrojo nuevamente fuera del auto, haciéndole caer boca abajo en el suelo. Ana, instintivamente desenfundo su arma, y con una fuerte voz de mando ordeno a todo el mundo quedarse quieto. El niño no paraba de llorar, y ante los gritos y conmoción que escuchaba tan solo podía atinar a llamar a su madre.

–¡Quiero a mi mamá! – gritaba una y otra vez.

Un patrullero de tránsito y vialidad que se encontraba cerca arribo por el reporte de robo, mientras Ana ya esposaba al hombre, dando instrucciones al resto de mantenerse a la vista. Lo habían conseguido, el niño estaba a salvo, y lograron evitar una situación más complicada. Los oficiales de tránsito, sin embargo, ofrecieron un nuevo obstáculo.

–¿Cuál es la situación, oficial? – pregunto uno de los recién llegados – Se nos reportó un choque sin lesionados ¿Conducía en estado de ebriedad?

Debido a que, en México, al no haber lesionados durante un choque, no se consideraba que hubiera ocurrido un delito que ameritara detención, resultaba bastante extraño observar un arresto.

–Los involucrados denunciaron un secuestro en progreso – respondió a sus compañeros mientras levantaba esposado al ahora detenido – Y el hecho de que intentara escapar me hace pensar que es mejor aclarar todo esto en barandilla[7].

–¡Ellos intentaron robarme! – grito repentinamente el hombre

Todos reaccionaron sorprendidos. Ana, Jorge, Lorenzo; al unísono preguntaron al hombre de que hablaba. Los oficiales se mostraban listos para desenfundar sus armas, mientras que los curiosos se acercaban cada vez en mayor número.

–Me golpearon y me arrojaron al suelo antes de poder decir nada

Todos se encontraban atónitos, no daban crédito a lo que escuchaban.

–¡Señor! – Continuo, dirigiéndose al oficial de tránsito más cercano a el – Por favor ¡Tienen aterrorizado a mi hijo! ¡Querían hacerle daño! ¡Por eso quise huir!

–¡Por dios! ¡Que mentira tan descarada! – reclamo Lorenzo dando un paso adelante

–¡Las manos arriba! – ordenaron ambos policías mientras apuntaban sus armas – De frente al auto ¡Ahora!

Tanto Jorge como Lorenzo obedecieron, con las manos en alto, dieron la espalda a los oficiales colocándose frente a la defensa de su auto, siendo sometidos sobre el cofre ardiente por estos. Estos procedieron a esposarles con fuerza, con la brusquedad típica de aquellos policías, mientras a su vez les revisaban, más para encontrar dinero o celulares sueltos que para asegurarse de que estuvieran desarmados.

–Señor, no creo que haga falta eso – protesto Ana.

–¿Ya escucho a la compañera, pareja? – Pregunto uno de ellos al otro, el más bajo y delgado.

–Se nota que no los reviso – Respondió el otro, mientras sacaba de dentro del saco de Lorenzo su arma – Felicidades mija[8], detuviste a la víctima.

Y mientras con su sobresaliente vientre mantenía al desdichado abogado sobre el hirviente cofre de su propio auto, mostro con auras de superioridad, el arma que encontró dentro de su saco.

–¡Este también tiene pareja! – Comento su compañero mientras despojaba a Jorge de su arma.

–¡Tenemos permiso animal! – Protesto, furioso, Jorge.

–Eso ya está por verse, vamos a la delegación – respondió el oficial de vientre voluminoso, indicando que los llevarían a disposición del Ministerio Público para que este los presentara ante el juez.

Poco pudo hacer Ana para evitarlo, y hubo de llevar a todos detenidos. Los oficiales rieron todo el camino a la delegación, burlándose sobre cómo habían “engañado” a Ana, y de cómo en general “era incompetente”. Lamentablemente, Tanto Jorge, como Lorenzo, hubieron de aguantar los veinte minutos de constante bravuconería en silencio. Mientras el primero ardía por dentro en coraje, su colega mantenía una pequeña sonrisa burlona, mirando por la ventana tranquilamente observando las nubes pasar.

Una vez llegados a la delegación, se les dejo en el interior de una pequeña celda, se encontraban en las oficinas de la Unidad Primera de Investigación del Ministerio Público. Aun así, Lorenzo estaba tranquilo, incluso tomando una ligera siesta sobre la dura banca de madera que tenían dentro. Pasaron cerca de dos horas, cuando un hombre con camisa manga corta, pantalón de mezclilla, y botas vaqueras, entro al recinto. Si no fuera debido a que portaba un gafete que le identificaba, no podrían distinguirlo de cualquier otro detenido. Se acercó a la celda, y abrió el cerrojo con la llave, despertando de su letargo a los dos detenidos.

–Ya, lárguense de aquí los dos – Dijo el extraño a los dos.

–Jorge, ve, yo iré más tarde – Respondió Lorenzo, mientras se sentaba.

Jorge, sin decir nada, sencillamente salió. Estaba muy cansado, y quería finalmente descansar.

–¿Por qué tan confiado? – Pregunto a Lorenzo, una vez su compañero dejara el lugar.

–Sabía que estarías tu aquí – le respondió.

–¿Cómo? – Pregunto consternado – Podría haber estado en cualquier otro lugar.

–No, claro que no…

Lorenzo se estiro un poco y finalmente se levantó de la banca.

–A las personas como tú y como yo, Alán, nos gusta malgastar nuestras vidas trabajando.

–Eres todo un caso – Le respondió mientras reía.

Alán era el Agente titular de la Unidad, amigo de toda la vida de Lorenzo, originario del norte del país, llevaba casi diez años como Agente del Ministerio Público, y era el mayor aliado del obstinado abogado cuando sus investigaciones se tornaban complicadas.

–Tu asistente vino temprano con tu clienta, y presento la denuncia, ya estaba esperando a que terminara todo así… – Dijo mientras sacaba a su viejo amigo de la celda – Aunque no pensé que precisamente terminarías detenido.

–Gajes del oficio – respondió – ¿Hablo?

–¿El sujeto? Le toco un pésimo defensor de oficio, y acepto un procedimiento abreviado[9], solo necesito que me presenten los informes policiales. Pero no te preocupes, que ya hablé con los dos tránsitos que te detuvieron, y omitiremos eso.

–Como siempre, un excelente trabajo – dijo mientras daba una palmada en su espalda.

–Agradecería que me avisaras antes de hacer una tontería.

–Al público lo que pida – Dijo mientras se despedía con una señal – Ahora si me disculpas, aún queda trabajo por hacer.

F I N


[1] Policía Investigador: Termino correcto para definir la figura del Detective, termino propio de las legislaciones del mundo angloparlante.

[2] Crown Victoria: Auto sedan de la marca FORD.

[3] Manos Libres: Dígase de los dispositivos que permiten escuchar y responder llamadas telefónicas sin tomar el teléfono. Es propio de los celulares.

[4] BMW: Marca alemana de autos, originaria de Baviera.

[5] Policía Municipal: En la legislación mexicana, el Municipio es la unidad administrativa más pequeña en el territorio, siendo el homólogo de los Condados en el mundo angloparlante. Estos municipios disponen de su propia fuerza de policía local, la cual funge como autoridad preventiva y auxiliar de las investigaciones criminales.

[6] Agente Ministerial/Agente del Ministerio Público: En el sistema de procuración de justicia de la mayor parte de países de América Latina, el agente ministerial es la parte acusadora dentro del proceso penal, representante de la víctima, y quien coordina las investigaciones del delito.

[7] Barandilla: Suele conocérsele como precinto, y es un área de celdas donde se lleva a los detenidos por faltas administrativas para presentarse ante la autoridad administrativa que decidirá su situación legal. De quedar clara la comisión de un delito, se da orden de remitirlo ante el Ministerio Público.

[8] Mija/Mijo: Regionalismo típico mexicano, resultado de la contracción de “mi hija”, el cual se usa para referirse una persona mayor a una menor de forma amigable y cariñosa. En el contexto de la historia, es una forma despectiva de referirse a la juventud y falta de experiencia de la otra persona.

[9] Procedimiento abreviado: Cuando un detenido rinde su declaración ante el Ministerio Público, este puede ofrecerle “un trato”, a cambio de que confiese (y por tanto, simplifique el trabajo de todo, de ahí el termino) se solicita al juez una pena menor en virtud a su cooperación. Salvo ciertas excepciones, aplica en la mayoría de los casos.

Imperator
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Abogado, escritor aficionado, administrador y fundador de Verum Lux.

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