Perdido

Me desperté en medio de un enorme bosque, asustado y aturdido, sin saber dónde ni porque estaba ahí. Lo único que podía recordar, era un agitado sueño donde era seguido por algo que parecía un carnero, o algo así, pero que caminaba erguido como un hombre.

Me levante con dificultad, terriblemente adolorido, casi como si hubiera caído por una pendiente, o algo así. Comencé a caminar, esperando así poder orientarme en algún momento, aunque sin la más mínima idea de hacia dónde me dirigía, y por más que lo intentaba, no lograba recordar que pudo haber sido lo que me llevo allí. El sol comenzaba a ocultarse y a perderse en el horizonte, siendo dominado aquel panorama cada vez más por las sombras y la oscuridad propias de una noche sin luna. Mi confusión dio paso al terror, dejando así de preocuparme por el camino, y comenzando a buscar un refugio donde pasar la noche.

De la nada, comencé a escuchar pisadas y murmullos que parecieran provenir de muy cerca de mí. Voltee a mi alrededor, tratando de averiguar el orgine de aquellos sonidos, pero por más que buscaba, no lograba encontrar la fuente del sonido. Decidí dirigirme hacia donde podía escuchar los murmullos, y atravesando unos matorrales me encontré con una cueva, que dejando de lado aquellos extraños sonidos, fue un enorme alivio, pues me permitiría pasar la noche. Tome una rama con hojas secas, envolviendo en un extremo un paño que tenía en el bolsillo, improvisando con ello una pequeña antorcha; para finalmente encenderla con un mi zippo, permitiéndome iluminar mi refugio.

Camine al interior de la cueva, para asegurarme de que fuese un lugar seguro para dormir, pues por algún motivo, no me daba muy buena espina. Sin embargo, la noche ya había devorado aquella zona, obligándome a ignorar aquel mal presentimiento, creyendo ingenuamente que sería tan solo mi paranoia al encontrarme en un lugar desconocido.

Seguí caminando dentro de esta unos 5 minutos, cuando sin darme cuenta, tropecé con lo que creí era una rama, pero al revisar, noté que acababa de tropezar con un hueso. Me asusté un poco, más no le di mucha importancia, seguro que algún animal pudo haberlo deja, pensé para mi mismo. Continúe, aunque nervioso, caminando por la cueva, hasta que en cierto punto, creí ver algo por el rabillo del ojo. Una sombra negra que se movía velozmente, pero al darme vuelta, no vi nada. Intente calmarme suponiendo que la oscuridad jugaba bromas a mi mente, pero mi tranquilidad dio paso al horror cuando mire con detenimiento la pared cercana.

Me acerque para ver con mejor detalle, pudiendo distinguir el dibujo de un hombre con cabeza de cabra, y lo que parecía eran personas con túnicas negras a su alrededor, alabándolo como a un rey. Fue entonces cuando recordé aquel sueño, y me di cuenta, de que no fue del todo un sueño. Asustado me voltee tan rápido como pude para salir de ahí, pero antes siquiera de dar un paso, me tope cara a cara con aquel demoniaco ser.

Desperté entonces en medio de un bosque, aturdido y adolorido, lo único que podía recordar era un agitado sueño, donde un ser que parecía un carnero, o algo así; me sonreía.

Imperator
Imperator

Abogado, escritor aficionado, administrador y fundador de Verum Lux.

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