La chica de al lado

Miro a la ventana, esperando una idea, pero la creatividad y el ingenio huyen de mi mente cual reo de una prisión, son musas caprichosas. Me encuentro absorto en mis pensamientos, cuando sin notarlo, a mi lado se sienta una hermosa chica, de bien definido cuerpo, de castaños cabellos, un rostro angelical, y cautivadores ojos negros.

La búsqueda de inspiración frena en seco, dando paso a incontenibles deseos por conocer a mi nueva acompañante. Los nervios se manifiestan en mi como gotas de sudor sobre mi frente, y es cuando noto como las palabras se agolpan en mi mente, aprisionadas por el miedo al ridículo; mis músculos se tensan, petrificándome. Quedo de frente a la puerta del vagón donde viajamos, y es cuando siento una mirada que se posa en mi persona. Volteo levemente, sorprendido de la sonrisa que aquella belleza piel canela me obsequiaba solo para mí. Se dibuja una sonrisa nerviosa en mi rostro, en un intento por responder lo que me figuraba, era un saludo. Una tierna risa se escucha, rompiendo el silencio entre los dos, era el sonido más hermoso que jamás escuche.

Solo unos segundos duro aquel maravilloso momento, pero como una cruel jugarreta del destino, nos detuvimos en la estación donde esos ojos negros se despedían de mi con una última mirada, mirada que cautivo por completo mi corazón. Sin dudar ni un segundo alcanzo a quien fuera ya reina de mis pensamientos, decidido a no permitir que se escapara de mis brazos. Se detuvo y me observo expectante, con esos ojos que cautivaron mi mente. Mi pulso se acelera, el tiempo se detiene, el mundo ya no importa, era ahora o nunca. Los nervios eran tales que mis pensamientos se desordenaron totalmente, impidiéndome emitir palabra alguna. Los segundos parecían milenios, estaba totalmente paralizado, y fue cuando escuche de nuevo su alegre risa, y con voz tranquila me dijo:

–Yo aún no te conozco

Entendí el mensaje, me ayudaba con sus palabras a encontrar las mías:

–Creo que no- respondí- soy Erik

–Ángela

Me dijo al fin su nombre, y por un momento me pareció el más bonito nombre de todos, Ángela. Finalmente encontré fuerzas para dar el paso más difícil de todos, y con algo de nerviosismo aun presente en mi voz, me atreví:

–¿Quieres tomar algo?

Tomo mi mano, y con algo de timidez, acepto encantada. El tiempo dejo de importar de repente, y el mundo pareció no existir, simplemente caminamos juntos sonriendo como tontos. No hablamos mucho hasta llegar al café, no hacía falta, éramos dos mitades de un mismo corazón que se reencontraban otra vez.

Imperator
Imperator

Abogado, escritor aficionado, administrador y fundador de Verum Lux.

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