Desesperación

Miro a todos lados, y solo veo lo mismo, volteo para todas partes, y no encuentro escape de allí. Árboles, árboles, y más árboles, árboles que se pierden a la distancia, árboles que se alejan hasta el infinito. No tengo más opción, debo seguir corriendo, no debo parar. Lo escucho detrás de mi. He perdido la noción de que tanto he corrido, pero hace ya tiempo que me percate que aquello que me sigue no es un hombre, no es un animal, es algo más, algo que no comprendo. Debo salir de aquí.

Caigo al sueño agotado, mis piernas no responden más y ceden, mientras cada vez más, la noche y la oscuridad me envuelve. El sol se ha ido, y la luna me ha abandonado. Estoy solo en el oscuro bosque, solo a mi suerte con esa cosa. Mi corazón late a toda velocidad, y un sudor frió recorre mi espalda, apenas tengo fuerzas para sostenerme y no caer desfallecido. Parece que la adrenalina en mi cuerpo se ha agotado. El miedo se apodera de mi, y comienzo a sollozar y temblar sin control, mientras escucho a aquella cosa jugar a mi alrededor, regocijándose en el terror absoluto que me produce.

Aquello que disfruta con mi sufrimiento, emite un sepulcral sonido que solo puedo definir como una risa demoníaca. No. Es una risa abismal, una risa sin forma, una risa fuera de este mundo, era un sonido horroroso, a un nivel más allá de lo que ni en mis peores pesadillas pude haber imaginado. Y mientras aquel espeluznante sonido se hacia cada ve más fuerte, yo lloraba más y más, rogándole que se fuera, implorando por piedad. Pero la piedad, no me pareció que fuera algo que aquello si quiera pudiera entender. Escuche las hojas crujir, e inmediatamente me di cuenta, mi corazón acelero aún más de lo que alguna vez creí posible, y entre en cuenta de que eso… Eso se estaba acercando.

Un golpe de adrenalina invadió mi cuerpo, mis piernas recuperaron su fuerza, y antes de que yo mismo lo pudiera razonar, mi cuerpo se lanzo a la carrera. Corrí incluso más rápido que antes. Pero no fue suficiente. Cerré los ojos tan fuerte que me dolían, y acepte que era el final, ya no quedaba más.

Desperté al día siguiente, de vuelta en mi cama, mientras la enfermera preparaba mis medicinas de la mañana. Pregunte como había llegado allí, y la enfermera menciono que me encontraron en los alrededores otra vez, y que permanecería bajo estricta vigilancia debido a que el mi estado empeoro a tal grado, que rompí la puerta de mi habitación hasta conseguir salir. Entonces sentí un dolor en el hombro, prueba del fuerte golpe que debí propinar a la pesada puerta de acero para obligarla a soltar sus bisagras.

Comencé a relajarme mientras la enfermera me entregaba mis pastillas con un poco de agua, las tome con calma, pero después de pasar la ultima, lo vi. En el pequeño ventanal cuadrado de mi puerta, ahí estaba, observándome. Quede petrificado en cuanto nuestras miradas se cruzaron. Comencé a temblar, temiendo lo peor, y entonces lo escuche. Esa cosa me hablo. Grite de horror, grite tan fuerte y violentamente que sentí mi garganta desgarrare, pero no podía parar, aquel dolor no era nada. Llore, y grite de desesperación, aquella cosa jamás me dejaría en paz, nunca estaría solo, siempre estaría ahí. No importaba si tomaba mi medicación constantemente, o si seguía mi tratamiento como el doctor me lo indicaba, eso jamás se iría. Eventualmente se haría más fuerte, y volvería para atormentarme. Lo que esa cosa me dijo fue:

–Nos vemos después.

Imperator
Imperator

Abogado, escritor aficionado, administrador y fundador de Verum Lux.

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