Carta al ayer

Tengo un tiempo ya sin saber de ti, tiempo el cual no he podido hacer más que sumirme en mi soledad, ante la avazallante tristeza de no tenerte junto a mi como fue alguna vez. Casi imposible me fue contenerme y no sucumbir ante el deseo de, a tus pies, postrarme y rogarte de nueva cuenta volver. Con el rostro cubierto en lagrimas, escribo esta carta a quien fuera alguna vez el presente, y no el ayer.

“¡Maldito aquel día!”, renegué una y otra vez en mis momentos más bajos, solo para después rogar a Dios perdón por tal blasfemia. Y es que, renegar de ti es un pecado tan grande y tan vil, como quien priva de la vida a otro. Es matar el recuerdo, en una puñalada en el corazón. Querer olvidarte es un crimen tan abominable, que me derrumbo ante la sola idea de pretender algo así.

Debo de aclarar, que no fue el azar, o decisión propia el enlazarnos como lo estuvimos, ayer. No fue sino el propio destino, en su caprichoso trabajar, el responsable de entablar la historia más hermosa que la vida conoció, y fue este mismo el responsable de terminarla, y ponerle fin, a los sueños y esperanzas compartidas.

No pretendo en esta carta despedirme, ni mucho meno, más bien mi intensión es saludarte, y decirte que no tengo recuerdo más hermoso que tu. Eres lo más bonito que jamás me pudo pasar, y si alguna vez me equivoque te ruego perdón. Más aún así no pienses que me arrepiento de algo, pues no cambiara nada de ti.

Aquí yo me despido, con nostalgia y melancolía invadiéndome el corazón. Nos vemos otro día, tal vez en otra vida, no lo sé. Pero si bien hoy eres Ayer, bien podrías ser mañana, yo no me voy a oponer.

Con mucho amor, Hoy.

Imperator
Imperator

Abogado, escritor aficionado, administrador y fundador de Verum Lux.

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