Los Últimos Días del Emperador

Sábado 16 de Enero…

Era una mañana fría y húmeda de invierno, la lluvia continuaba incesantemente, amenazando con no parar en todo el día como no lo hizo durante la noche. El frío calaba en los huesos del gran líder de forma que no podía conciliar el sueño más de un par de horas, decidiendo finalmente rendirse y dejar de intentar dormir cuando el sol comenzaba a salir. En aquel refugio, que hacía meses lo había convertido en su hogar, reinaba el más pesado silencio, tan solo el estruendo que a la distancia resonaba rompía la deprimente y monótona atmósfera.

–Es extraño que continúen tan tarde –

dijo para si mimo, a la par que intentaba levantarse de su catre.

Un bostezo escapo por su boca, evidencia de la agotadora noche que había pasado, desde hace tiempo ya que dormir es casi tan cansado y agotador que el día a día. Tomo su guerrera(1) del improvisado perchero que hacia su silla, y comenzó a alistarse, mirándose al espejo, evocando sus añorados recuerdos de glorias pasadas. Ahora todas ellas se habían esfumado, era como si nada de aquello hubiera ocurrido, hacía 10 años el pueblo le aclamaba, y con su espada señalaba el nacimiento de un imperio que debía perdurar por milenios. Ahora, a tan solo una década, todo parecía un placido sueño del que apenas despertaba ¿De que era Rey? ¿Que gobernaba ahora? Un paisaje deprimente y patético, de escombros, fuego y muerte. “Yo soy… Ozymandias”(2), dijo para si.

Finalmente salio de su habitación, quienes pasaban, sus guardias, y todo aquel que le miraba, le reverenciaron cual fiel creyente a su dios. Con un ligero gesto del brazo, devolvió aquel respetuoso gesto, saludando de mano a todos los que pasaran junto a el. “Aún entre tanta desolación, mantienen su fe en el emperador”, pensó, “no puedo flaquear”.

Aquel día tuvo su rutinaria reunión matutina, para enterarse así de todas las novedades del día, novedades cada vez más nefastas, algo ya rutinario para todos. Otra unidad capturada, disparos y bombardeos, más perdidas, y más, y más, y más… Ya de aquellas reuniones, solo esperaba el desayuno, hace ya más de dos semanas que es la única comida que toma. Todos pasan hambre, algo tan banal como una taza de café se convierte en un tesoro invaluable. Mientras más pensaba en ello, poco a poco dejaba de escuchar la monótona lista que sus subalternos recitaban religiosamente ¿Que se sirvió en el ultimo banquete del palacio? ¿Habrán guardado la receta de aquel delicioso asado? Que maravilloso sería tener un delicioso asado en aquel momento, incluso una sopa o un estofado, cualquier plato caliente sería un manjar en aquel infierno congelado. Era todo lo que el emperador podía pensar.

–Y es por eso que recomendamos dar inicio al protocolo “Atlantis” –

Concluyo el general a cargo de aquel informe.

Inmediatamente, el emperador volvió a la realidad, aquella palabra maldita y prohibida, tenía expresamente prohibido a cualquiera pronunciar si quiera aquel protocolo maldito. La sala quedo en silencio, el ambiente era tenso, todos los presentes podían sentir la furia que emanaba el aura orgullosa y digna de quien ostentaba todavía la purpura(3). Aquel hombre entendió entonces la magnitud de su afrenta. El emperador, poniéndose de pie, intimidando a todos con lo imponente de su figura, dirijo sus ojos firmemente a los de su general, y con su firme voz de mando le espeto:

“Atlantis” no es más que un acto de cobardía, disfrazado de operativo militar, dudo que usted sepa lo que es el valor tras escucharle sugerir tal barbaridad, pues de lo contrarió sabría bien que para un caballero, y máxime, para un soldado es preferible la muerte antes que ver el honor perdido-

hablando con una mano en la espada, y otra más gesticulando, el vigoroso monarca aún guardaba su orgullo de soldado, y estaba dispuesto a morir por el.

Temiendo por su vida, el general mantuvo baja su cabeza, esperando hasta que su comandante supremo autorizara al mismo a salir. Aquel incidente le devolvió al emperador su fuerza, le había devuelto el valor, más no lo alejo de la realidad. Era consciente de que su tiempo estaba próximo a terminar, su pueblo estaba completamente agotado, sus hombres exhaustos, y sus propias provisiones eran cada vez más escasas. Haría falta un milagro, para salvar tan solo la vida, solo dios sabe que haría falta para salvar la situación.

Referencias

  • (1) Chaqueta de uniforme ajustada, abotonada hasta el cuello y con bolsillos en el frente con tapa; se usa en ciertos ejércitos y profesiones.
  • (2) Poema de Percy Bysshe Shelley.
  • (3) En tiempos de la antigua Roma, los Cónsules (máximos magistrados del estado), y posteriormente los emperadores, eran los únicos que tenían el derecho de usar una toga purpura. Por su enorme valor, el purpura era un color reservado para los reyes y emperadores, de ahí la expresión “ostentar la purpura” se refiera a quien ostenta el trono.
Imperator
Imperator

Abogado, escritor aficionado, administrador y fundador de Verum Lux.

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